El señor Pip, de Lloyd Jones

Además de los comentarios de wikipedia, os proponemos la lectura de la entrada Del blog: Espacios en blanco (después del naufragio). Además, la editorial Random House tiene una guía para clubes de lectura sobre esta novela.

miércoles, 18 de febrero de 2009

El señor Pip (Lloyd Jones)

Hacia 1991, durante los primeros compases de la guerra civil que asoló la remota isla de Bougainville, la joven Matilda y su madre viven solas ante la ausencia del padre, que debió emigrar tras perder su trabajo en las minas de cobre. Entre quienes se quedaron en la isla está el señor Watts, un excéntrico hombre blanco que un buen día decide reabrir las puertas de la escuela y ejercer de maestro. Su método es combinar la lectura en voz alta de capítulos de Grandes esperanzas, su novela favorita de Charles Dickens, con la intervención de las gentes del pueblo que quieran compartir consejos prácticos acerca de cómo sobrevivir en su entorno. De esta forma, el improvisado maestro logra atrapar el interés de sus jóvenes alumnos, cautivados por las aventuras y desventuras de Pip, el joven huérfano protagonista de la novela de Dickens. Para Matilda, Pip es tan real como su madre, alguien que además de ofrecerle orientación y consuelo se convierte en la amistad más fecunda e importante de su vida. Sin embargo, en un país en guerra, el poder de la imaginación puede ser visto como una provocación peligrosa.

El señor Pip es un canto de amor a la literatura, al poder evocador, sanador, aventurero, imaginativo de la literatura, a cómo una pequeña historia se queda dentro y nos hace mirar al mundo de otra manera, nos habla de otros mundos y otras formas de vivir y enciende dentro de nosotros las ganas de saber más, de ver más allá de lo que conocemos. Los libros como raíces que se enroscan en el interior.
Todo empieza con el bloqueo y la guerra civil en una isla desconocida y abandonada. El único blanco del poblado se dedica a enseñar a los niños. Y utiliza Grandes esperanzas de Dickens. A través de él organiza sus clases, pide a los adultos del pueblo que hablen de lo que conocen, los peces, el color azul, el demonio, cualquier historia que sirva para enseñar, para ver fuera de las cuatro paredes blancas.
Es una historia de amor con la literatura, una forma de integrar Grandes esperanzas en la realidad, ver cómo un libro transforma y reconforta y da lucidez. Y con la lucidez, el dolor.
Me gusta la forma en la que está escrito, con una suave melancolía, la suave melancolía de quien recuerda la infancia y sus primeros pasos en algo desconocido, de quien habla de su hogar y todo lo que haya vivió en ese momento decisivo donde una persona madura.
Hay momentos de gran dureza, golpes que te hacen daño en el estómago, tan bien escrito que te duele lo que pasa dentro de la historia. Y hay momentos entrañables, los padres de los niños y su forma de explicar la realidad que los rodea.
Matilda, la niña protagonista, la narradora, crece en sus páginas, encuentra en un libro una puerta de evasión y de conocimiento. Se pregunta por todas esas palabras desconocidas, marjales, Londres, benefactor, compara la vida de Pip con la suya, su viaje con su cabaña.
El señor Watts, un blanco en mitad de una comunidad negra, aislado de lo que fue su mundo, se dedica a leer el mejor libro del mejor escritor inglés del siglo XIX, lo hace con dotes de mago. Y es que es eso, un libro es como un truco de magia. Unas cuantas palabras y de repente te encuentras en un poblado pobre de una isla del pacífico.
El señor Pip es un gran libro, emotivo, cercano y doloroso (como dicen, el amor es dolor). Y por una vez no nos acercamos al Londres victoriano, sino a una isla de la que nadie se interesa. A las atrocidades que no conocemos, a las vidas que ignoramos.
Muchísimas gracias por este regalo, Auro.

El señor Watts nos había regalado a nosotros, los niños, otra porción del mundo. Descubrí que podía volver a ella siempre que quisiera. Es más, podía elegir cualquier momento de la historia. No es que concibiese lo que oíamos como una historia. No: yo oía a alguien contar algo sobre sí mismo y cuanto le había sucedido.

-Hoy hemos tenido mucha suerte. Mucha. Hemos recibido una lección práctica de que, si bien es posible que no conozcamos todo el mundo, con inteligencia podemos crear un mundo nuevo. Podemos inventarlo con las cosas que encontramos y vemos alrededor. Sólo tenemos que mirar con atención y procurar ser tan imaginativos como la abuela de Daniel.
Lloyd Jones
El señor Pip

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