Maus, relato de un superviviente

Este otoño leeremos “Maus, relato de un superviviente” de Art Spiegelman. Os recomendamos leer lo que se dice de él en la Guía del comic, la entrada de wikipedia y si tenís tiempo y ganas, os proponemos el siguiente artículo de Nino Ortea:

Dentro de la atractiva serie de lanzamientos con la que la editorial Planeta saludó la pasada edición de Expocomic 2001, destaca la publicación completa por primera vez en España de Maus; obra que supone la inauguración de un nuevo proyecto editorial, la Colección Trazado.

      El primer volumen de los dos que componen originariamente la obra, ya había contado con una edición por parte de Norma Editorial y Muchnik Editores en 1989; habiendo permanecido los cinco capítulos que forman la segunda entrega –And Here My Troubles Began– inéditos hasta la presente publicación. Pese a lo dilatado de su periodo de producción –Spiegelman comienza Maus en 1973 y la finaliza en 1991, apareciendo a lo largo de estos años serializada principalmente en la revista Raw que el mismo cofundó– la historia presenta una sorprendente unidad temática y gráfica, por lo que su presentación en un único volumen no sólo facilita su lectura sino que resulta algo lógico.

      En su edición Planeta-DeAgostini no ha tenido en cuenta la publicación previa del primer libro, mostrando la presente reproducción una serie de luces y sombras respecto al trabajo previo de Norma / Muchnick o a la versión de la británica Penguin Books. Tal vez Planeta tenga pensada una futura presentación de Maus que mejore la actual, tal y como acaba de hacer con From Hell, producción que Eddie Campbell ya intentó que apareciese en su primer lanzamiento tal y como lo ha hecho ahora.

      Uno de los problemas a los que se enfrenta una obra como Maus, y que puede llegar a condicionar su lectura, es el que se circunscriba su interpretación al desarrollo de un único tema; máxime en un caso como el presente, en el que el trasfondo es una realidad tan atroz como el Holocausto Judío. Aun está reciente el caso de Guerra de clanes, saludada por muchos como una trasposición de las luchas que asolaban Los Balcanes; pues su escenario es una interminable guerra civil, y sus dos creadores (Darko Macan y Edvin Biukovic) son croatas. Pese a que Macan negó repetidamente su intención de reflejar la situación bélica que lo envolvía, su historia continua siendo limitada por muchos a un brillante resumen del conflicto que asoló un país; olvidándose de que la obra habla de toda una serie de sentimientos eternos, y en absoluto circunscritos a un espacio geográfico.

      Lo que convierte al trabajo de Spiegelman en inquietante, emocionante, ameno y único, no es el tema que aborda, sino la habilidad con la que convierte su trabajo artístico en una sucesión de escenas vivas, que trascienden la condición de memorias autobiográficas, documentos históricos o retablos costumbristas. Independientemente de la voluntad inicial del creador, su relato va más allá de la plasmación y denuncia del genocidio sufrido por su raza, pues como lectores establecemos con él un proceso comunicativo de intercambio de experiencias familiares y personales. La lectura de Maus, nos sumerge en una atractiva charla con un amigo con el que intercambiamos experiencias sobre las dificultades de crecer a la sombra de un padre más cercano al bíblico Abraham que al televisivo Michael Landom, sobre esas pequeñas cosas que nos hacen tomar grandes decisiones, o sobre el proceso de descubrir que querer a alguien implica aceptar, que no justificar, su lado negativo.

      Ya desde el pasaje inicial en el que un niño que acaba de descubrir la fragilidad de la amistad, recibe de su padre –en lugar de palabras de consuelo o un abrazo protector– una fría corrección y una amarga reflexión sobre la amistad, Spiegelman inicia un diálogo con sus lectores –similar al de un paciente con su psiquiatra– en el que se van intercalando saltos narrativos, silencios e incluso digresiones que contribuyen a presentar una disección conmovedora de las relaciones padre-hijo.

La dificultad de crecer junto a alguien que te está corrigiendo constantemente, buscando no que hagas las cosas bien, sino a su manera; la sensación de ser un David en eterna pugna con un Goliat al que deberías imitar y no rechazar; la contrariedad de convivir con alguien que cree que las muestras de afecto son síntoma de debilidad; el sacrificio de tus vocaciones en el altar de orientar tu vida hacia campos donde puedas crecer individualmente; la imposibilidad de compartir espacio por mucho tiempo con alguien cuya forma de quererte hace que lo rechaces; el reconcomio que te invade cuando desatiendes a quien toda tu vida te ha protegido; … toda una serie de lugares comunes y experiencias compartidas que convierten la lectura de Maus en un agridulce paseo por las avenidas afectivas.

Art Spiegelman realiza esta catarsis de su relación con su padre, muerto mucho antes de que el autor finalizase la obra, intentando mostrarse lo más respetuoso posible con su progenitor, y sin evitar escenas en las que el comportamiento con su padre le lleva a crisis emotivas. Una de las interpretaciones posibles tras la lectura de esta fábula antropomórfica, es el reconocimiento implícito por parte del autor de que no son tantos los aspectos que le separan de su padre, lo que ocurre es que la vida le ha tratado mejor. Ambos son supervivientes, y no pueden evitar por ello cierto sentimiento de culpa. El recuerdo de un hermano muerto –Spiegelman– o de un pueblo exterminado –su padre– puebla sus recuerdos. Su perseverancia, tozudez y capacidad de sacrificio posibilitan el que ambos logren triunfar en sus objetivos

      Una lectura recomendable a todo aquél que alguna vez ha sido hijo.

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