La vida de los otros, de Florian Henckel von Donnersmarck

En el club de cine este mes comentaremos La vida de los otros. La película la presentarán Sagrario Esnoz y Charo Viamonte, pero si queréis leer algo antes de la tertulia podéis hacerlo.

Un completísimo análisis de Feliciano Valbuena de la Fuente se puede leer en este enlace.

Y sobre la Stasi, su estructura y su forma de funcionamiento, podéis encontrar información pinchando aquí.

Por último, os invitamos a leer esta entrevista con su director:

La Vida de los Otros, una película que retrata a la Stasi


Hace varios meses La Brújula consiguió el permiso para publicar esta entrevista con Florian Henckel von Donnersmarck, director de La Vida de los Otros, una pelicula que retrata de alguna manera cómo operaba la temible Stasi. Aquí reproducimos nuevamente la entrevista:

¿Qué lo motivó a hacer una película sobre la RDA? ¿Cómo y cuándo se le ocurrió la idea?
Mi intención nunca fue hacer una película “sobre la RDA”. Pero en mi primer año en la escuela de cine, a finales de 1997, estaba escuchando una sonata para piano de Beethoven y de pronto recordé lo que Lenin le había dicho a su amigo Máximo Gorky acerca de la “Appassionata”. Dijo que era su pieza musical favorita, pero que para completar la revolución ya no quería volver a escucharla, porque al hacerlo le daban ganas de “acariciarle la cabeza a la gente y decirle cosas estúpidas y amables” en un momento en que era “necesario aplastar cabezas, aplastarlas sin piedad”. Esa cita me pareció aterradora. Demuestra claramente como un ideólogo debe controlar completamente sus sentimientos para poder perseguir sus objetivos. De pronto, en ese momento, comprendí que esa era la verdadera esencia de la ideología: el dominio total del principio por sobre el sentimiento. Me resultó claro que uno de los principales retos de la vida es encontrar el balance adecuado entre principios e ideología cuando uno se ve enfrentado a una elección moral. Lenin escogió un extremo: todo principios, pero en cierta manera, esa frase también es un hermoso testimonio sobre el poder humanizador del arte.Entonces pensé: ¿Qué si alguien hubiera podido forzar a Lenin a escuchar la Appassionata en el momento en que estaba a punto de aplastarle la cabeza a alguien ¿Qué si pudiera crear una situación dramática en la que Lenin sintiera que tenía que escuchar la Appassionata, porque en realidad estaba tratando de escuchar algo más? Y cuando estaba pensando en eso, una imagen de pronto me estalló en la cabeza. Tom Tykwer siempre habla en sus entrevistas de que la imagen de una muchacha pelirroja corriendo por Berlin de pronto le estalló en la cabeza, y siempre había pensado que era una historia para contarle a la prensa. Pero de pronto lo mismo también me ocurrió a mí: “vi” una imagen (de hecho, algo como un close-up) de un hombre en un cuartucho deprimente, con audífonos en la cabeza, esperando oír palabras que fueran en contra de su amada ideología y finalmente escuchando una música tan hermosa y tan poderosa que lo hiciera re-pensar (o mejor dicho, re-sentir) esa ideología.

Supe que tenía algo y dejé la información fluir por algunos minutos (mi compositor, Gabriel Yared, siempre dice que los artistas son meros receptores, no creadores), después me senté y escribí la historia de “La Vida de los Otros” en menos de tres horas. Sin embargo, necesité tres años más (un año y medio investigando, y otro año y medio escribiendo) antes de tener un borrador lo suficiente bueno para filmar.

¿Por qué eligió 1984 para situar la película? ¿Orwell?

Si ese fue el caso, entonces fue un motivo subconsciente. Habían otras dos razones importantes: primero, yo conocí bien el Berlín de 1984, aunque fuera desde la perspectiva de un niño. Y quería ocupar mi experiencia personal. En segundo lugar, 1984 fue un año que marcó un regreso a algo muy parecido al Stalinismo en todo el bloque oriental. En febrero de 1984 Yuri Andropov, el Secretario General del PCUS, que muchos pensaban podía resultar un verdadero reformador, murió dieciséis meses después de haber asumido el cargo. Entonces Konstantin Chernenko asumió el poder. Chernenko era un discípulo de Brezhnev, de tradición Stalinista. Pero por suerte para la humanidad, los días de Chernenko también estaban contados. Murió en Marzo de 1985, después de sólo doce meses en el cargo, dejándole el lugar a Gorbachev, quien de verdad pudo cambiar las cosas. La trama principal de mi película concluye el día que la elección de Gorbachev es anunciada.

¿Cuáles son sus recuerdos personales de Alemania oriental?

En 1984 tenía 11 años y estaba viviendo en Berlín (Occidental), una isla democrática en medio de Alemania del Este. Pero si queríamos manejar a cualquier parte de Alemania Occidental o Europa, teníamos que atravesar la RDA. Y a menudo también íbamos a visitar amigos.

Ya que mis padres eran ambos del Este (mi padre de Silesia, que ahora es parte de Polonia; mi madre nacida en Magdeburg) teníamos amigos y familia en el otro lado. Un tío de mi padre era incluso el jefe de protocolo de la oficina de Erich Honecker. Sin embargo, mis padres, especialmente mi madre, estaban ambos en listas especiales de la Stasi. Asumo que los consideraban traidores a la causa comunista, ya que parte de la familia de mi madre se había quedado en el Este mientras otra se había ido al Oeste antes de la construcción del muro. Y como era la Stasi la que controlaba las fronteras, la sometían a revisiones particularmente humillantes cada vez que íbamos de visita. En una ocasión, la detuvieron por cerca de cuatro horas y la hicieron desvestirse para revisarla, lo que en realidad nos sorprendió y chocó mucho a mi hermano y a mí. ¡Que esa gente tuviera el derecho de desvestir a mi madre! A nosotros nos parecía tan poderosa. ¡Pero ahora era como si los de la Stasi fueran los adultos y mi madre una niña! Esa experiencia me enseñó una lección muy valiosa sobre la verdadera naturaleza del totalitarismo.

Una vez que lográbamos llegar al otro lado, el miedo continuaba: cuando visitábamos a nuestros amigos en el Este, podía ver el miedo en sus rostros: miedo de ser vistos con nosotros, miedo de lo que eso le podía hacer a sus vidas y carreras si alguien los reportaba a la Stasi. Recuerdo esos extraños vistazos -viendo quien los podía reportar. Como niño, fue una experiencia importante para mí ver ese tipo de miedo en los adultos. Nunca más tuve la sensación que los adultos podían controlarlo todo. Y me causó un profundo rechazo a los gobiernos “fuertes

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