Lost in translation, de Sofia Coppola

En febrero (el 13) comentaremos la película de Sofia Coppola, Lost in translation. Podéis ver muchos comentarios sobre la película (como siempre) en la página de filmaffinity.

Si queréis, para abrir boca, ver una secuencia de la peli, podéis pinchar en este enlace. Y en este otro, tenéis bastantes fotos de la película. 

En la página de El criticón, hemos leído la siguiente reseña:

LOST IN TRANSLATION (2003)
Director: Sofia Coppola.
Intérpretes: Bill Murray, Scarlett Johansson, Giovanni Ribisi, Anna Faris.Bob Harris (Bill Murray) es un actor del cine de Hollywood que llega a Tokio para participar en la promoción de una marca de whisky, dejando en los Estados Unidos a su esposa e hijos.
En su alojamiento coincidirá con una joven llamada Charlotte (Scarlett Johansson), quien se encuentra en la capital japonesa con su marido John (Giovanni Ribisi), fotógrafo de profesión.
Ambos no duermen bien por las noches y sienten un desarraigo emocional con sus respectivas parejas.

Después de “Las vírgenes suicidas”, su interesante pero sobrevalorado debut, Sofia Coppola regresó a la dirección con “Lost in translation”, una película que nos traslada al Tokio hiperpoblado y ultramoderno y al encuentro en la gran ciudad japonesa con dos personajes de distinta condición y generación vinculados por el sentimiento de la soledad, de la insatisfacción, de la pérdida y del desconcierto en sus respectivas vidas, tanto a nivel profesional como sentimental.

El cine de Sofía Coppola puede resultar alabado por los sectores más complacientes principalmente por la gradación afectada, íntima y poética, casi ensoñadora que imprime a sus películas. Por el esteticismo de su narrativa, a ratos videoclipera y otras excesivamente contemplativa y derivativa de los grandes nombres de la nouvelle vague, con tendencia a la grandilocuencia y la pomposidad más vacua que reflexiva, hecho que a los snobs les encanta. Por la suficiente penetración que imprime a sus personajes principales y por la integración de éstos en multitud de referencias culturales, principalmente englobadas dentro de las tendencias más pop, mejor aún… “indie”-pop.

Pero la hija de Francis Ford Coppola, que plantea en principio historias interesantes, flaquea en su desarrolla a pesar de las apariencias. Sus retratos carecen de intensidad dentro de un escenario premeditadamente alicaído, la dejadez de los personajes que se mueven al margen de los caracteres protagonistas y la carencia de un interés claro que mueva a la trama. No se incide en las relaciones sentimentales de ambos, no se rotura en el ambiente más allá del dibujo puntual y su trivial exposición sociocultural, incluso y en algunos momentos, acometiendo la perspectiva en el choque cultural con intención de provocar humor, de manera despectiva y muy caricaturesca.

Es un drama con momentos de humor (poco logrados) que explora la psicología de dos personajes en un momento compartido presuntamente mágico que jamás volverá a repetirse.

Lo que sucede es que a lo largo de esa exploración no existe suficiente inventiva en la creación de situaciones y sí subrayados que intentan definir el estado de ánimo de los personajes con una sucesión de viñetas más o menos bien narradas en las que se templa de manera inteligente el tono, ya que no contiene estridencias en sus aspectos dramáticos ni humorísticos y acierta en plasmar el amodorramiento y desidia que caracteriza la existencia de Bob y Charlotte.

Quizá esa capacidad en manejar el tono con tacto y penetración, junto a una bella expresión estética, sea lo más interesante de esta directora, que en esta ocasión despliega una interacción muy sutil entre los dos personajes.

Se sirve acertadamente aunque sin maestría de los estereotipos nipones de cortesía y tecnología, ubicando a sus personajes en escenarios tópicos y típicos de su cultura.
Así podemos contemplar el Fujiyama, pasearnos por el arte del Ikebana o irnos de karaoke y emular a Roxy Music, Pretenders o Brinsley Schwartz (con un tema escrito por Nick Lowe interpretado más tarde por Elvis Costello) en una larga y aburrida escena.

Es destacable la dirección de intérpretes, con una gran actuación de Bill Murray. Además, si en “Las vírgenes suicidas”, Sofia lanzó la carrera de Kirsten Dunst, en esta ocasión revela el sobresaliente talento de Scarlett Johansson.

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