Dogville, de Lars Von Trier

A Dogville, del polémico Lars Von Trier (sólo tenemos que recordar sus escandalosas declaraciones y aclaraciones en el último festival de Cannes donde presentaba su película Melancholia) se le han dedicado muchas páginas. Incluso estudios filosóficos, como el de Rufino Salguero Rodríguez Dogville o los sueños de la razón.

Pinchando aquí podéis leer una entrevista al director. Y esta es la ficha de Filmaffinity (con infinidad de comentarios)

Este es un comentario de Alberto Illán Oviedo

Dogville: El camino hacia el infierno

Recomiendo totalmente a los lectores de Liberalismo.org que alquilen o compren la película Dogville del autor y director Lars von Trier. Si bien este director danés se caracteriza normalmente por tratar de perturbar al espectador (ver “Los Idiotas” o “Dancer in the Dark”, esta última con la intrascendente cantante Björk al frente), en Dogville la historia se centra en un pueblo de escenografía imaginaria que tiene mucho por decirnos sobre la naturaleza humana y la convivencia social.

La escenografía es básicamente teatral, y de esta manera uno se topa en poco más de dos horas y media, con un pequeño pueblo donde el filósofo local, Thomas Edison Jr. (¿casualidad?) encuentra que sus habitantes piensan ‘demasiado’ en sí mismos y que su gran misión debe ser venderles la idea del “aprender a recibir”. Con la llegada de una extraña (Nicole Kidman) en circunstancias oscuras, se pondrá en práctica la idea del pensador local.

Para no dañarle el espectáculo a quien no la vió todavía, me voy a dirigir directo a mi comentario.

Dogville es al igual que el caso de la fábrica Starnes de la novela “Atlas Shrugged” (La Rebelión de Atlas), un caso donde las ideas erradas sobre el dar y recibir, así como la dignidad humana, llevan a situaciones extremas. Como sabemos los liberales, en conceptos personales e incentivos puede resumirse gran parte de lo que provoca las situaciones en una comunidad humana. Esta película en 9 actos (tal vez deba decir obra de teatro filmada y editada) muestra cosas que serán fascinantes para los lectores de este website. La película topa temas filosóficos, sicológicos, éticos, económicos y políticos de forma muy concentrada. El espectador atento, sabrá encontrar claves de la naturaleza humana y subtemas que discutimos a diario en foros como éste, por decenas. Pero Dogville es en mi opinión, y al igual que la fábrica de la novela de Ayn Rand, el ejemplo de lo que las premisas erradas sobre la dignidad, el dar, el recibir y el sacrificio personal provocarán siempre donde se apliquen.

El final será sin duda sorprendente, pero más aún puede serlo la posición del espectador (le recomiendo involucrarse emocionalmente en la historia y aprovechar realmente lo que pagó por verla). Uno puede quedar literalmente pasmado por su propia reacción y posición personal (queda advertido) al final de los acontecimientos, demostrando una vez más, que los seres humanos somos sujetos de voluntad dentro del marco de las ideas y los acontecimientos, y que, llevados al extremo, somos muy distintos de lo que quisieramos pensar de nosotros mismos en términos de bondad o perdón.

Para quienes ya vieron la película (recomiendo leer esto después de verla):

Lo que en mi criterio es el antídoto para no llegar a Dogville, o llevar su propia nación o comunidad a ese estado:

El hombre (cada hombre) es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros. Debe existir por su propio esfuerzo, sin sacrificarse a otros ni sacrificar a otros para si mismo. La búsqueda de su propio interés racional y de su propia felicidad es el propósito moral de su vida” – Ayn Rand.

La ironía es que von Trier seguramente intentaba una crítica contra los EE.UU. o sus comunidades pobres o sus habitantes sencillos pero susceptibles (no eran europeos, que atrevimiento) de caer en la vulgaridad y la maldad al estilo Fuenteovejuno. Pero si usted lee “La Rebelión de Atlas” o de por sí tiene su autoestima en alto y no la abandona para el análisis de temas sicológicos y sociales, sabrá ver en la película una verdadera obra maestra, por su profundidad y lecciones.

Y este es un artículo de Matías Uribe titulado Liminaridad y communitas perversa como expresión cultural en Dogville (2003) de Lars von Triers  

Para la antropología tradicional existen pautas de comportamiento humano que se dan a una escala universal. Uno de éstos lo constituyen los ritos de transición . Estos rituales, llamados también de paso , tienen que ver con aquellas costumbres asociadas con el tránsito o paso de un lugar o etapa de la vida a otra. Todos los rituales de paso tienen tres fases: separación, marginalidad y agregación. En la primera, el individuo/a abandona el grupo y en la tercera se reintegra a él. La fase intermedia, o marginal, es una especie de limbo en el cual la persona ocupa una posición social ambigua y donde se encuentra separado/a de los contactos sociales normales. A esta fase o condición individual se le ha llamado también fase liminar o liminaridad .

Es justamente ésta la posición que el personaje Grace, del film Dogville (2003), parece ocupar en la trama del guión realizado por el director Lars von Triers. La liminaridad de Grace pasa por el supuesto escape de un grupo de gángsters y su deseo de pertenecer a la comunidad de Dogville, un pueblo ubicado en las Montañas Rocallosas, en Norteamérica. Así mismo, es aquí donde radicaría el primer punto característico de su liminaridad: su marcado carácter ambiguo. Esta ambigüedad consiste en que el personaje se encuentra escapando de la figura paterna (en la parte final del film sabremos que es el padre) para, en un principio, intentar asirse a un grupo que posee las mismas cualidades que éste: ambos inspiran seguridad, dan protección y exigen respeto y lealtad.

 En la liminaridad, los individuos existen viviendo en un tiempo fuera del tiempo, aparte de las distinciones y expectativas ordinarias. Las exigencias y actividades de Grace son elaboradas a partir de las necesidades de una suma de individuos que realizan distintos tipos de trabajos y, por tanto, el tiempo vivido por Grace dentro de la comunidad no es el mismo, no es compartido, pues no hay integridad de ella en ese cuerpo social. Su extemporaneidad sella definitivamente su distanciamiento y la autopercepción compasiva de saberse ajena a aquel mundo.

Al no gozar de distinción, Grace hace visible su diferencia. La consecuencia de esto es la identificación, por parte del cuerpo social, de un sujeto extraño y, por lo mismo, de un blanco fácil sobre el cual descargar las causas de las distintas a-nomalías o a-normalidades que aquejan al grupo. El resultado directo es la separación permanente del sujeto, ya en conflicto permanente, del resto. A Grace se le aísla en el momento de tomar una decisión, pues cualquier decisión importante tendrá que ver con este vértice mantenido en una constante tensión.

El contraste producido por esta extrema diferenciación, se metaforiza al comienzo en la manera de vestir que lleva Grace, muy distinta de aquella que acostumbra a llevar la gente del pueblo. Grace adopta la vestimenta del grupo que la “acoge”, no obstante, su figura y maneras de comportarse irán, paulatinamente, transformándose hasta encarnar la diferencia – principio activo – que opera sobre ella.

Durante el periodo liminar se ignoran las posiciones pasadas y futuras e, incluso, se invierten. El origen de Grace es supuestamente el de ser hija de un individuo con mucho poder, no obstante, la posición en que acaba dentro de la historia es tremendamente humillante, hasta parecer la de una esclava, sin ningún tipo de derechos y excluida de cualquier tipo de beneficio o bienestar. Una opción, futura, es volverse esposa de Tom, sin embargo, debido, en parte, a las aprehensiones de éste para con el posible rechazo que pudiera experimentar por parte del grupo, al saber que mantiene una relación con ella (y en parte, también, por su estatus moral dentro de la comunidad) y el riesgo de convertirse en una especie de versión femenina de Chuck (resentido y alienado, comparte la condición de foráneo que posee Grace), la única opción que ella tiene es el escape.

Un aspecto importante de la liminaridad es su tendencia a formar colectividades. Los rituales de transición suelen ser colectivos y desplegar en los participantes una intensa sensación de proximidad social, igualdad y solidaridad. En este caso se habla de la formación de una communitas . Las distinciones sociales que hayan existido o que existan se olvidan temporalmente. En el caso de Dogville, no obstante, se da una situación muy particular; al ser Grace el único punto del espacio social que marque la diferencia, con respecto al grupo, la liminaridad se pervierte. La perversión de la communitas de Dogville, dentro de la lógica que presenta su director, se debería, en parte, a la condición de aislamiento que posee el lugar, respecto al resto de los centros urbanos de Norteamérica. Lo que Dogville comparte comunitariamente es una acumulación de frustraciones, resentimientos y la perversión de valores heredados de una moral cristiana que parece no haber tenido transformaciones socioculturales importantes, las que sí se daban en un plano más general (hablamos de la década de los 30′).

La perversión, como expresión cultural de Norteamérica, queda evidenciada en la actitud que tiene Chuck cuando se dispone a violar a Grace. El personaje exige respeto y veneración por haber dado “acogida” a la “extraña”. Quien entrega seguridad es el primero en quebrar el don. El doble mensaje se aloja en el seno de una veneración androcéntrica, de culto a la figura paterna, que instala la domesticidad, la vida privada, en el centro del campo público. La moral privada es la que, en último término, rige las costumbres y actividades de la polis . La experiencia histórica de Norteamérica, en torno a sus prácticas esclavistas, etnocidas, xenofóbicas e intolerantes, ya sea, frente a la población afroaméricana, inmigrantes europeos, latinoamericanos, minorías sexuales, etc., son evidencia de aquella pauta o ethos cultural que aquí se evidencia. El actual acontecer, respecto a las intervenciones militares de los últimos 50 años en distintos escenarios internacionales, apuntaría en aquel mismo sentido: la moral propia de un estado tiende a ser impuesto a otros, de manera violenta, soberbia y completamente justificada por el estilo de vida “americano”.

 

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Una respuesta a Dogville, de Lars Von Trier

  1. Santi dijo:

    Con todo respeto, interpretar Dogville como una crítica al “colectivismo” (en el sentido todo lo difuso y ambiguo que le da la gana al autor) y, mucho, menos, como como una loa al objetivismo de Rand, es no haber entendido absolutamente nada. Lo que se deja aquí en evidencia es la debilidad humana en su forma más amplia: la incapacidad patologica del ser humano de gobernarse a si mismo que lo lleva idefectiblemente a apartarse de lo recto y dejarse arrastrar por sus más putridos deseos y mezquindades. No sería muy dificil argumentar exactamente lo contrario e interpretar ( también falsamente) que Dogville es una crítica del liberalismo y una sátira a ciertas profetas de la libertad individual o una loa del estalinismo o el fascismo , dado que su moraleja sugiere que una sociedad sólo puede funcionar a través de un gobierno aristocrático de elegidos dispuestos a aplicar la violencia para atajar las debilidades humanas, y que es Grace con su “tolerancia” mal entendida la que da pie a la catastrofe. ¿O no hemos visto el final? Pues eso. La idiologia, a la hora de comentar una reflexion sobre la naturaleza humana de este calibre, mejor se queda en casa.

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