Madre Volga, de Manu Leguinche

 

Manu Leguineche 2[1]

Manu Leguineche es uno de los grandes viajeros del siglo XX. Tanto es así que cuando en la biblioteca de Barañain decidimos poner en marcha un club de lectura especializado en libros de viajes nos pareció que nuestro particular homenaje era bautizarlo con su nombre. Hablamos con él (por mediación de su hermana) y nos dio su autorización. El primer libro que leímos en el club fue una biografía escrita por Leguineche sobre Wilfred Thesiger El último explorador. Fue el prólogo a la lectura de Arenas de Arabia, que todavía recordamos como una de las más fascinantes obras que hemos leído en todo este tiempo.

Ahora le toca el turno a Madre Volga, publicado en 2003.

Elena F. Palacios escribió esto en La Voz de Galicia, cuando apareció el libro: 

El veterano periodista, experto en conflictos bélicos y en los pequeños placeres de la vida, ha unido dos de sus fascinaciones en Madre Volga (Seix Barral). «Me encantan los ríos y Rusia es un país que me atrae muchísimo», confiesa. Así que Manuel Leguineche Manu se embarcó a bordo del Esenim para recorrer el curso del Volga, el río más largo de Europa que ha visto nacer y desaparecer civilizaciones legendarias. Y el resultado es un libro al más puro estilo Leguineche: ambigüedad formal con un poco de reportaje, otro de reflexión política y mucho de diario de atento viajero con una memoria prodigiosa.

«No soy un rusólogo», adelanta el autor frente a especialistas dispuestos con el lápiz rojo. «Me interesan más las personas que las ruinas, y escribí este libro porque conocí a tres que me estimularon». En su paseo fluvial, el autor coincidió con dos señoras -«con una hubo flechazo», dice burlón- y un profesor, que se convirtieron en compañeros inseparables del periplo y en protagonistas de Madre Volga.

Al son de la balalaica, Leguineche hace un recorrido por la historia de Rusia, desde los tártaros, pasando por los zares, la Segunda Guerra Mundial o la Perestroika, que llega hasta la actualidad, cuando «Rusia no está en el guión de Europa y a Putin, que es un espía venido a más, le ha dado por la nostalgia de recobrar el estatus de potencia respetable».

Tampoco escapa de su ojo de reportero el desastre ecológico en el que se encuentra el río. «Está hecho unos zorros. Casi no hay pescadores y los vertidos lo han puesto del color del chocolate». Ni su fascinación por la gran literatura rusa: «Fueron mis primeras lecturas», dice sentimental.

Una larga entrevista con Leguineche se puede leer en este enlace. Pero hay otras, como ésta del blog Periodismo para periodistas

 

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