Las leyes de la frontera, de Javier Cercas

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Las leyes de la frontera de Javier Cercas es una de nuestras apuestas para el trimestre de primavera de 2014. Cuando se publicó Carles Geli escribió esto en El Cultural. Y lo propio hizo Sergio Vila San Juan en las paginas de La Vanguardia. 

Por su parte en la revista Jot Down fue esto lo que publicó Javier Bilbao.

En Letras libres esto es lo que escribió Daniel Gascón:

n sus últimos libros Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) parece haber decidido escribir sobre grandes temas: la Guerra Civil, el problema del mal o la historia reciente de España. Ha renunciado un tanto al humor –que era uno de los elementos esenciales de Relatos reales e incluso de Soldados de Salamina–, pero ha conservado un gran pulso narrativo, y ha ganado en amplitud, con una curiosa mezcla de ambición e ingenuidad. Un elemento refrescante de sus ensayos, sus artículos y sus novelas, donde aborda con vehemencia asuntos controvertidos, es que no le da pudor dudar: a veces eso es casi una metodología, un camino hacia la revelación.

En Anatomía de un instante (Mondadori, 2009), Cercas escribió sobre la Transición española desde la alta política y el género del ensayo narrativo. En Las leyes de la frontera, su regreso a la novela, ofrece una mirada distinta sobre el mismo periodo, centrada en la delincuencia. El personaje central, Antonio Gamallo, el Zarco, es un criminal inventado cuya trayectoria tiene muchas cosas en común con Juan José Moreno Cuenca, el Vaquilla. En torno a él Cercas elabora un relato sobre el miedo, la redención y el destino de los mitos.

Las leyes de la frontera se compone de varias entrevistas que realiza un escritor que prepara un libro sobre el Zarco. La voz principal corresponde a Ignacio Cañas, el Gafitas, un abogado de Gerona que recuerda su relación con el delincuente. En la primera parte de la novela, su testimonio se intercala con el del policía que detuvo al Zarco en 1978; en la segunda, que comienza veintiún años después, con el del director de la prisión de Gerona. En la extraordinaria parte inicial, Cercas traza un relato detallado y verosímil de Gerona a finales de los setenta. Cañas era entonces un adolescente de clase media, que vivía aterrado por el acoso al que lo sometían algunos de sus compañeros de clase. Conoce al Zarco y a una chica que va con él, Tere –que, por supuesto, lo fascina inmediatamente– y, aunque sus orígenes y su vida son muy distintos a los de “la basca” que los acompaña, entra a formar parte de la banda del Zarco. En esa escuela de delincuencia, Cañas descubre otras partes de la ciudad y vive una existencia distinta a la familia y las clases, que compara con las andanzas de los personajes de la serie japonesa La frontera azul. Participa en el robo de bolsos, coches y casas con una mezcla de temor, atolondramiento y excitación. Se inicia en las drogas, en el sexo y en la desgracia: un compañero muere en una persecución policial y otro resulta gravemente herido. Ese viaje al otro lado de la frontera termina cuando la banda es desarticulada tras un atraco. A diferencia de otros miembros de “la basca”, Cañas escapa y tiene una segunda oportunidad: piensa “que mi casa y los albergues estaban a la vez muy cerca y muy lejos, y solo entonces sentí que era verdad que yo no era como ellos. De repente me pareció irreal todo lo que había pasado en los últimos meses, y me reconfortó saber que yo pertenecía al otro lado del río y que las aguas de la frontera azul ya habían vuelto a su cauce; de repente comprendí que me había aclarado sobre Tere y que Tere había sido solo un raro y fugaz amor de verano”.

En los dos decenios que transcurren entre las dos partes de la novela, se produce la transformación del Zarco en una leyenda, a través de fugas, motines y huelgas de hambre. Como en el caso del Vaquilla, obtiene la simpatía de intelectuales y artistas, y su vida inspira películas y libros. Pero su momento pasa, a causa de errores propios y porque el interés público cambia. Cuando vuelven a encontrarse y Cañas asume la defensa del Zarco, recién trasladado a la cárcel de Gerona, Antonio Gamallo es un rehén de su personaje, un hombre que no sabe desprenderse de su propio mito (“una historia popular que en parte es verdad y en parte es mentira y que dice una verdad que no se puede decir solo con la verdad”, en palabras del entrevistador). Para entonces, también se ha producido la explosión de la delincuencia juvenil y la época de la heroína, que Cercas ha calificado como “la guerra de mi generación”.

Aunque no todas las voces despiertan el mismo interés y el peso del relato sobre el nacimiento y la destrucción de la leyenda del Zarco recae en Cañas, el procedimiento narrativo es hábil: permite a Cercas amarrar la atención del lector y adelantar acontecimientos con una impresión de fatalidad. Al igual que en otras obras del autor de Soldados de Salamina, la escritura del libro se incorpora al propio libro, que tiene algo de investigación y se presenta como una obra en bruto, como ocurre respectivamente en El día de mañana de Ignacio Martínez de Pisón y con Años lentos de Fernando Aramburu, por citar dos novelas recientes sobre las últimas décadas de la historia de España. Las cosas que no saben los personajes y sus interpretaciones contradictorias crean puntos ciegos: la relación entre Tere, el Zarco y el Gafitas tiene muchos elementos deliberados de ambigüedad, al igual que los motivos de Cañas, que unas veces parece impulsado por su atracción hacia Tere, en otras ocasiones por una suerte de lealtad hacia el pasado y en otras por una imprecisa mala conciencia.

Las leyes de la frontera recuerda en algunos momentos a Conrad y en otros a Juan Marsé y Mario Vargas Llosa. Como otros libros de Cercas, tiene también un aire de western, con esos congelados de imagen –el final de Soldados de Salamina, la escena nuclear de Anatomía de un instante– a medio camino entre las películas de Sam Peckinpah y el final de “El sur” de Jorge Luis Borges. La segunda parte no siempre tiene la misma fuerza evocativa y precisión que la primera: hay momentos excelentes, como la noche en la que Gargallo retrasa su regreso a la prisión, y elementos algo deslavazados, como el personaje de María Vela, la mujer que se enamora del Zarco y se convierte en una estrella mediática; el dolor de Cañas por el abandono de Tere resulta más convincente que su idilio o algunos fragmentos teóricos. Pero Javier Cercas ha construido una novela poderosa: una obra de ficción rica y compleja que articula una reflexión sobre la historia, la sociología, el peso del pasado y de las elecciones individuales en torno a un puñado de personajes difíciles de olvidar. ~

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