El fantasma de Canterville y otros cuentos de Oscar Wilde

WildeEn el club “Pasión por el e-book“el primer lunes de mayo tendremos una tertulia sobre los cuentos más populares de Oscar Wilde: El fantasma de Canterville, El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, El gigante egoista y El crimer de Lord Arthur Saville. Seguimos con nuestra particular tertulia de “pequeñas obras de grandes autores”. Añadimos a continuación una selección de citas que nos ha enviado Sophy Villegas, coordinadora del club:
OSCAR WILDE Y SUS CUENTOS
«Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse.»
RECUPERAR LAS HISTORIAS CORTAS DE OSCAR WILDE ES RECOBRAR EL PLACER DE UNA LECTURA QUE CUIDA EL LENGUAJE, EL HUMOR Y LA INTELIGENCIA.
Conocí a Oscar Wilde a comienzos de 1868 en la Portora Royal School. Tenía él a la sazón trece o catorce años. Su lacia melena rubia, muy crecida, era uno de sus rasgos distintivos. En aquel entonces su carácter era sumamente infantil, inquieto, casi revoltoso cuando no estaba en clase. Sin embargo, no tomaba parte en ninguno de los juegos ni deportes de los alumnos. A lo sumo, veíasele alguna vez que otra en uno de los botes del colegio, paseando por el Loch Erne, pero nunca pasó de ser un remero mediocre.
Aún de niño, era ya un conversador excelente; sus capacidades descriptivas excedían con mucho a lo usual, y sus exageraciones humorísticas de los sucesos del colegio eran altamente divertidas. Uno de los lugares favoritos de los muchachos para descansar y charlar en las tardes de invierno era alrededor de una estufa que había en el Stone Hall; allí brillaba y sobresalía Oscar. […] En el colegio casi todo el mundo le llamaba Oscar, pero tenía un mote, Cuervo Gris (Gray-crow), que le llamaban cuando querían hacerle rabiar, cosa que le molestaba en extremo. El origen de dicho mote, […], permanece para mí en el misterio. […]
Aún en aquellos días escolares predominaba ya en él la imaginación; pero siempre había en su narración de aquel acontecimiento algo que daba a entender que de sobra comprendía él que los oyentes no dejaban engañar […] Jamás se interesó lo más mínimo por las matemáticas, ni en la escuela ni en el colegio. Se reía de la ciencia y nunca tuvo una buena palabra para un profesor de matemáticas o de ciencias; pero tampoco había la menor malevolencia ni rencor en nada de lo que dijera sobre ellos; ni, a decir verdad, sobre nadie.
Los clásicos absorbieron casi por entero su atención en sus últimos tiempos escolares, y la fluida belleza de sus traducciones orales en clase, […], era algo que no se olvidaba fácilmente.
—Oscar Wilde en la escuela según Sir Edward Sullivan

—¿Ha comprendido usted bien qué cosa tan admirable es la piedad? Por mi parte, doy gracias a Dios todas las noches —sí, de rodillas doy gracias a Dios— por habérmela hecho conocer. Yo entré a la prisión con un corazón de piedra y pensando tan sólo en mi placer; pero, ahora mi corazón se ha roto… y la piedad ha entrado en él. Ya sé que la cosa más grande y más hermosa del mundo es la piedad. Y he aquí por qué no puedo guardar rencor a quienes me condenaron, ni a nadie; pues sin ellos yo no habría conocido todo esto. —Oscar Wilde en conversación con Frank Harris
Cuentos
Wilde publicó El príncipe feliz y otros cuentos en 1888, y escribió regularmente historias de hadas para las revistas. En 1891 se publicaron dos colecciones más, El crimen de Lord Arthur Savile y otras historias, y en septiembre Una casa de granadasn. 22 que fue dedicada a su esposa.54 El retrato del señor W.H., que Wilde había comenzado en 1887, fue publicado por primera vez en Blackwood’s Edinburgh Magazine en julio de 1889. Es una historia corta, que relata una conversación, en la que se discute la teoría que dice que los sonetos de William Shakespeare, fueron escritos por el amor del poeta hacia el actor joven Willie Hughes. La única evidencia para esto, son dos juegos de palabras que se suponen, están dentro de los sonetos. El anónimo narrador es al principio escéptico, luego creyente, y finalmente galantea con el lector; concluye diciendo: «Hay realmente mucho que decir de la teoría de Willie Hughes sobre los sonetos de Shakespeare». El hecho final y la ficción se han fundido entre sí.
«Tú debes creer en Willie Hughes; yo casi lo hago.» le contó Wilde a un conocido.

Un ensayo sobre Oscar Wilde podéis encontrarlo en este enlace

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