Una habitación propia, de Virginia Woolf

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Para la tertulia del próximo mes (para el segundo lunes de enero de 2018), proponemos la lectura de un clásico del feminismo: Una habitación propia, de Virginia Woolf En estos momentos hay en cartelera una obra de teatro inspirada en este libro. Para una breve biografía de Virginia Woolf, podéis leer este artículo.

En este blog podéis encontrar interesantes líneas para un debate sobre el libro. Y también en este artículo publicado en el diario.es

Un buen resumen del libro es el que propone Juan Miguel López León en Vavel:

Virginia Woolf fue la escritora que abrió el camino a otras muchas mujeres feministas a seguir escribiendo. Se puede considerar que marca el camino y las pautas a seguir puesto que de las obras posteriores a Virginia Woolf de la critica feminista han seguido un modelo muy similar al suyo ya que en obras como SexPolitcs de Kate Millet está dividida en tres partes en las que se centra en las relaciones de poder de los sexos, las raíces históricas y las consideraciones literarias. Otras como Literary Women de Ellen Moers intenta de nuevo describir la historia de las mujeres y la tradición principal masculina. En The Madwoman in the Attic de Sandra M.Gilbert y Susan Gubar realiza un conjunto de estudios sobre las principales escritoras del siglo XIX. Se puede decir que de cada una de las ideas principales de la obra Una habitación propia, surgió un libro especializado de cada idea.

Las ideas fundamentales

Virginia Woolf en su libro Una habitación propia hace un resumen a lo largo de la historia del papel de la mujer en la literatura, no de las mujeres y lo que parecen, ni de las mujeres y de lo que escriben, ni de lo escrito sobre ellas, sino una combinación sobre las tres cosas a través de sus vivencias personales y estudios.

En el primer capitulo señala las diferencias sustanciales que existe a la hora de la educación entre los hombres y las mujeres como por ejemplo que ella no puede entrar a la biblioteca de la universidad si no esta acompañada con un profesor del colegio o provistas de una carta de presentación. Otro ejemplo son los comedores universitarios; ellos cenaban con vino, lenguados, perdices con salsas y ensaladas y  patatas, mientras que ellas sopa sencilla y carne de un mercado borroso, bizcochos y queso y para beber agua. Las diferencias en las dietas son causa de conversaciones más o menos animada según la autora, pero el principal problema es la pobreza de las mujeres, ya que todo el dinero era obtenido y dado a los hombres, por lo que los hombres invertían dinero en hombres y no en mujeres.

En el capitulo segundo la conclusión a la que llega es que en todas partes hay hombres opinado sobre mujeres y opinando cosas distintas ya que durante su visita al Museo Británico, se fija en la gran cantidad de libros escritos por hombres sobre las mujeres (piensa que de leerlos todos tardaría 200 años), algunos frívolos y burlones , serios y proféticos o morales y amonestadores.

En el tercer capitulo se basa en las condiciones que vivían las mujeres, no a través de los siglos, sino en Inglaterra en el tiempo de Elizabeth ya que es un problema que ninguna mujer escribiera una palabra de esa extraordinaria literatura. La verdad se debe a que aunque en la literatura es tratada como una diosa la realidad es bien distinta ya que como señalaba el profesor Trevelyan a la mujer la encerraban con llave, la castigaban y la tiraban por el suelo. Si Shakespeare hubiese tenido una hermana tan extraordinaria como fue él opina que jamás hubiese tenido fama, ya que antes de los veinte hubiese sido comprometida, los hombres se reirían de ella y al quedarse embarazada abandonaría. Opina que muchos de los poemas anónimos escritos en la época bien podrían haber sido escritos por una mujer.

En el cuarto capitulo hace un recorrido a lo largo de las mujeres escritoras como Lady Winchelsea, Margaret of Newcastle o Apra Behn. Resalta la gran actividad intelectual que las mujeres revelaron hacia finales del siglo XVIII, ya que podían hacer dinero escribiendo. La mujer de clase media empezó a escribir y la literatura femenina no se concentró en la simple aristocracia encerrada en su casa de campo entre adulterios. Ya en el siglo XIX hay estantes dedicados a obras escritas por mujeres, principalmente novelas porque las mujeres nunca tienen el tiempo necesario para concentrarse sin ser interrumpidas, por lo que componer poesía era mas complejo que escribir novela. Critica la literatura radical femenina ya que considera que no saca lo mejor de la autora, sino que toda su frustración.

En el capitulo quinto  observa que en el estante de autores vivos se encuentra todo tipo de libros escritos por mujeres, ya que aunque predominan las novelas , existen libros sobre arqueología griega , de estética , sobre Persia, poemas, dramas , biografías , libros de viajes, de erudición, de investigación etc..Ya la mujer es mucho más compleja y diversa. Mary Carmichel la considera pieza fundamental en este cambio ya que los hombres ya no eran para ella “el partido contrario”, no necesitaba perder su tiempo injuriándolos, no tenía que subir a su azotea para anhelar viajes, experiencias y un conocimiento del mundo y de los caracteres que le habían sido negados. El temor y el odio habían casi desaparecidos.

En el sexto y ultimo capitulo se llega a las conclusiones de la autora, en ella considera que “el estado normal y placentero es cuando están en armonía los dos (hombres y mujeres), colaborando espiritualmente. Hasta en un hombre, la parte femenina del cerebro debe ejercer influencia; y tampoco la mujer debe rehuir contacto con el hombre que hay en ella. Quizá una mente del todo masculina no puede crear, como tampoco una mente femenina. Quizá la inteligencia andrógena propende menos a esas distinciones que la inteligencia de un solo sexo”.

El concepto de androginia

El concepto de androginia provocó un fuerte rechazo en feministas tan destacadas como Elaine Showalter quien en A Literature of Their Own en 1977 afirma que la androginia era en realidad un mito que le ayudaba a Woolf  a evitar un enfrentamiento con su propia feminidad desgraciada y que le impelía a aparcar su ira o ambición.

Kristeva llega a recuperar el concepto de androginia, rechazando tanto el feminismo de la igualdad como el de la diferencia y propugnando una superación de la dicotomía masculino/ femenino, sin embargo sus teorías tuvieron en seguida un eco negativo en el ámbito feminista. Carolyn Heilburn se niega admitir que las mujeres deseen la androginia mientras que Michéle Barret, desde una perspectiva marxista, separa lo estético (la androginia) de lo político.

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